Luis
Carlos Díaz es, sin duda alguna, una figura resaltante en el panorama
periodístico venezolano.
Cuenta
con más de 160.000 seguidores en twitter (@LuisCarlos), constantemente publica
artículos de opinión en los principales portales web informativos del país y
día a día forma parte de uno de los programas radiales más notorios, junto a
Cesar Miguel Rondón.
En
esta ocasión conversé con el sobre su ascendente carrera, los inicios de la
misma, y qué implicaciones tiene desarrollarse en dicho ámbito en la Venezuela
actual.
¿Cuándo
supiste que esta era la profesión a la cual te querías dedicar?
Yo
leía periódicos de chamo pero los leía por la sección de opinión, algo loco, no
leía los titulares, no leía las noticias, iba directamente a las viñetas, a los
dibujos, y me encantaban, fue algo que siguió a lo largo de mi bachillerato. La
realidad es que decidí estudiar periodismo por unas razones muy raras. Yo tenía
cupo para ingresar en Ingeniería eléctrica o de telecomunicaciones, en la
UCV y en la USB. Pero también quede en la escuela de comunicación social de la
primera. Creo que a última hora, en el mes de septiembre del año 2001, ocurre
el atentado a las torres gemelas, y yo me quedé todo ese día viendo la
televisión como diciendo “wow” . En ese momento no solamente están pasando
cosas muy rudas y yo tenía 15 años, era un chamo, sino que además y esto llega
a mi y llega al mundo porque lo estaban transmitiendo por televisión, por
medios. A los días siguientes pude hacer seguimiento de este conflicto no solamente
por esa vía sino también a través de medios digitales a través, por ejemplo, de
los “war blogs”, que son bitácoras de guerra y de conflictos. Estamos hablando
del 2001, yo era un chamito y éramos muy pocos usuarios de internet en
Venezuela. Por eso yo creo que llego al periodismo de una manera muy extraña,
muy accidental. Pero cuando dices que esa es la profesión a la cual me quiero
dedicar… yo doy clases, yo doy charlas en cursos, investigo, me dedico a nuevos
medios, y el periodismo es una manera de hacer una suerte de relato cercano a
la realidad, apasionado por la realidad, con el objetivo de narrar este
conflicto. Yo a esta altura todavía no sé si voy a ser periodista por el resto
de mi vida, si es un recurso que voy a utilizar para otras cosas, ya que estoy
apasionado por muchos temas a la vez. Ahora, hacer lo que hago en este momento
claro que me tiene emocionado. Cada mañana cuando me levanto y tengo que tomar
la bicicleta, digo "bueno, si, esto es lo que yo quiero hacer, tengo
trabajo hoy siempre tendré cosas que contar mañana”. Por otro lado, yo no sé si
todas estas competencias que he desarrollado a lo largo de este conflicto
venezolano me van a ser útiles cuando vuelva a haber democracia y libertad, no
lo sé, así que es probable que mi rol sea un poco mutante en los años por venir.
¿Qué
te apasiona de practicar periodismo en Venezuela?
Lo
que me encanta del periodismo en Venezuela es que este es un conflicto que es
tan profundo que en el fondo nos iguala a todos, entonces se ven a doctores,
expertos analistas, que están tan perdidos como cualquier otra persona. Puede
ser rudo y triste pero en verdad es súper interesante porque te obliga a
escarbar y buscar más. Aquí no hay quien tenga todas las respuestas.
En
paralelo es muy importante mencionar que el periodismo aquí ha hecho muchísima
incidencia, para bien o para mal, porque en Venezuela buena parte del conflicto
tiene que ver con lo simbólico, con las interpretaciones de lo que ocurre. El
conflicto venezolano a pesar de que carga con una gran cantidad de muertos,
heridos, perseguidos y unos saldos terribles, en realidad también consta de una
gran lucha de significados y significantes. Fíjate que en este momento el gran
significante es la democracia, es por lo que la gente lucha. Los significados
que le estamos dando a esa democracia son múltiples y tienen que ver con
nuestras aspiraciones y con cosas a las que apuntamos en un futuro. Por ello,
la construcción de esos escenarios son discursivos, son narrativos. Un
periodismo que pueda dedicarse a eso es sumamente interesante.
¿Cuál
es tu medio favorito para dirigirte a un público?
En
realidad yo me considero transmedia.
Resulta
que multimedia es un término bastante viejo que se usó a inicios de los 90,
pero "transmedia" tiene que ver con un universo narrativo, coherente,
que puedes abordar desde distintas plataformas, no repitiéndote, sino
ensamblando un rompecabezas para poder comprenderlo. El término transmedia es
interesantísimo y ojalá se estudiará más en las universidades. Tengo 4 o 5 años
hablando de el en algunas charlas y creo que describe justamente lo que hago. Me
fui a un medio masivo, decidí hacerlo porque quiero aprender muchas cosas en la
radio. La radio es hermosa. A eso le agregamos que no es que me encuentro en
cualquier emisora, estoy en un programa que es importante y eso me ha permitido
explorar y, además, aprender de manera acelerada. Pero entiendo que el internet
es mi espacio, yo soy un niño, un hijo, de internet. Soy usuario de la red
desde que tengo nueve años de edad y eso me ha marcado, me ha definido. Es
decir, yo soy un chamo de pueblo, vengo de uno que no tenía cine, que no tenía
mucho movimiento cultural y justamente fue internet lo que me permitió
conectarme con el mundo. Entonces ese es mi espacio, en el que quiero estar y
hago cosas. Ahora, eso no significa que yo no pueda participar en un
espectáculo público, cosa que he hecho, en tv, cosa que hecho, en una película,
cosa que ha hecho, que explore nuevos formatos como el podcast y otros, porque lo
importante aquí es narrar, y narrar implica conseguir relatos seductores que
puedan ayudar a la gente a entender cosas o a sentir cosas. Siempre que uno
pueda explorar eso entonces no va haber un medio favorito. Creo que lo favorito
es lo que viene más adelante, mi pasión por el futuro, por la innovación.
¿Cuáles
consideras que son tus fortalezas como periodista?
Nunca
me he detenido a pensar si tengo fortalezas, yo en realidad creo que tengo un
gran conjunto de debilidades y justo en la lucha por resolverlas, salvarlas,
superarlas, es que a veces las cosas me salen bien.
Creo
que en este momento puedo mantener un carácter crítico y analítico sobre las
situaciones, lo cual que me permite plantearlas en contexto y evaluar actores,
discursos y acciones de manera que puedo identificar bien quién está actuando,
qué está diciendo, qué está haciendo y cómo eso genera contradicciones. Cómo
las cosas que hacen contradicen a las que dicen, cómo esas contradicciones
implican también conflictos en este momento y a futuro. Me parece que poseo esa
perspectiva de análisis de conflicto y considero que me ayuda a resolver mi
abordaje al periodismo.
La
otra cosa es que estoy curado, en el sentido de haber trabajado muchísimo en
ello, en el asunto de la polarización, entender que aquí hay una división de
significantes muy importante, y poder salvarla, poder jugar con ella, cuando
haga falta.
En
tercer lugar, viene algo que considero fundamental. En internet aprendes a ser
bastante humilde, porque la audiencia siempre sabe más que tú, es una regla
básica que escribió la gente de We Media. Algo que, quizá, para los periodistas
que se desenvuelven en otros medios es difícil de entender porque reciben muy
pocas respuestas. Pero, en internet, como se trata una herramienta absolutamente
conversacional, estas expuesto. La gente se siente en contacto directo contigo
y por ello te dice cosas. Ellos pueden tener igual o más peso que tú. Aprendes
a siempre a construir con el otro.
Yo
hago textos y trabajos que construyen el significado con el otro y creo que eso
me da una fuerza importante cuando hago cosas.
Gracias a esto desde un tiempo para acá en ocasiones desarrollo
contenido para internet, para redes, que se hacen virales. No es algo que
ocurre automáticamente, porque está pensado. Me refiero a decir “Oye, ¿Qué
cosas puedo decir que agreguen valor, que haga que la gente sienta que lo que
está allí contenido la representa de alguna manera, tanto que incluso quisiera
decirlo así?”. Es ahí cuando te ganas el retweet, la compartida, la viralidad.
¿Qué
momento consideras anecdótico, curioso o transcendental, dentro de tu
carrera?
En estos días un chico está haciendo su tesis
de grado sobre mi, eso me hizo empezar a rememorar muchas cosas, y recordé el
año 2004. Año en el cual yo tendría aproximadamente dieciocho años, y para mi
ese fue el año más importante en mi carrera, en mi vida, en lo que hago. Fue
una época en la cual yo estaba en dos corales a la vez, hacía canto, hacía un
montón de cosas que me divertían. Veía seis o siete materias, cuando el límite
en mi escuela eran cinco, estaba haciendo sobrecarga, entonces estaba viendo
materias en otras facultades. Vi materias como psicoanálisis femenino lacaniano
en el Centro de Estudios para la Mujer de la UCV, pude asistir a un seminario
de integración europea en la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV y
pude ver otra materia de humor y política en la Escuela de Ciencias Políticas
con Laureano Márquez como profesor. Además era representante estudiantil en el
consejo de escuela y estaba escribiendo un paper que fue presentado ese mismo
año en un congreso en Argentina. Paralelamente, empecé a hacer mi primera
pasantía que fue con la gente de la revista Comunicación, editada por Jesús María
Aguirre, Marcelino Bisbal, Andrés Cañizales, entre otras personas importantes
en el mundo de la comunicación. Posteriormente tuve mi primer trabajo
remunerado, el cual fue el Observatorio Global de Medios, trabajo importante
porque era un investigador de medios impresos y podía hacer mediciones de
equilibrio informativo. Por otro lado ocurrió el referéndum revocatorio contra Chávez,
así que electoralmente fue un año tenso para el país, conflictivo. Y en ese
mismo año conocí a Ryszard Kapuściński, quien
fue un dios del periodismo, y fue el quien me respondió una pregunta sobre si
se puede hacer un periodismo para construir la paz, a partir de sus respuestas
quedé alucinando y por eso arranqué mi proyecto “Periodismo de paz”. El cual
llevé a cabo desde el 2004 hasta el 2011.
Fue un año que me enseñó que para poder contar
cosas tú tienes que vivir, tienes que hacer mucho, hacer. En el momento en el
que lo hagas, que lo experimentes, que internalices esas cosas, vas a tener qué
contar. No te puedes convertir en un tipo que narra sin tener nada adentro. Ese
asunto de tener agendas locas, múltiples, de hacer 10 cosas a la vez y pensar
en muchos niveles, en paralelo, me permitió tener el año germinal en el cual
empecé a hacer lo que me dio la gana, es decir, cosas que me satisfacían, y aprendí a decirle que no a las cosas que no me
satisfacen, de ahí en adelante aplicar esa ley me ha servido para todo.
¿Cuál
es el rol que deben tomar los periodistas en este momento país sin romper con
sus principios éticos como periodistas y como ciudadanos?
Creo
profundamente en que los periodistas son una suerte de guardianes de la noche
de la democracia. Son una pieza fundamental de las sociedades democráticas
porque son intermediarios entre la ciudadanía y la interpelación que se hace
sobre el poder.
Como
un faro, como una alerta, los periodistas enfocamos cosas, elevamos el carácter
crítico de la gente, la capacidad de exigencia, ahí hay un montón de errores
que el periodista tiene que fortalecer, en el caso venezolano donde no hay
democracia esto se hace más y más urgente. En la medida en la que la crisis
aumenta la gente necesita más respuestas, más información de calidad, no ruido,
información que le permita tomar decisiones. Eso hace que a pesar de la
multiplicidad de medios, y a pesar de todo el ruido, es importante y es clave
que puedas como periodista elaborar un discurso que agregue valor y que le
permita a la gente sentir que tiene contexto y que tiene maneras de estar
conectada con el resto.
El
segundo gran reto es construir con la audiencia. Son momentos en los cuales pasan
muchas cosas a la vez y lo más importante, entonces, es que puedas tener tus
bases de datos, tus comunidades, tu gente de confianza, tus fuentes
informativas múltiples. A manera de que cuando vayas a decir algo esté muy bien
trabajado y tamizado. Ya no puedes trabajar con versiones oficiales cuando el
gobierno miente, y no puedes quedarte tampoco con las versiones de un anónimo
en redes sociales cuando no tienes manera de verificarlo. Así que lo que debe
hacer un periodista es seguir con su labor de contarle al mundo lo que pasa,
entendiendo que hay nuevas herramientas y competencias para hacerlo, y buscar a
las audiencias por donde quiera que estén, porque en este momento se encuentran
dispersas gracias a la censura.


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